Rosa Olivares

Texto incluido en el libro 100 FOTOGRAFOS ESPAÑOLES /100 SPANISH PHOTOGRAPHERS, editado por EXIT

Dentro de la tipología de caracteres que el arte contemporáneo nos ofrece, sigue existiendo esa que, aunque pueda parecer un tanto romántica hoy, define al artista como un viajero, un hombre curioso, tranquilo, que va reflejando en su obra su entorno familiar, sus paisajes queridos… ese tipo un tanto heredado del artista plein air. Díaz-Maroto podría ser encuadrado en este grupo amable cuyo objetivo no es transgredir, denunciar, ni tan siquiera producir una obra cercana a ninguna moda, ni experimentar con las nuevas tecnologías. Su trabajo se inscribe dentro del documentalismo intimista, subjetivo, que ofrece imágenes sacadas de la realidad cotidiana para tamizarlas por la subjetividad de una mirada que elige lo anecdótico, lo sencillo, lo que todos hemos podido ver, sin buscar lo excepcional. Se trata de una fotografía pura, que sigue la tradición del blanco y negro, la del instante decisivo. Tampoco podríamos decir que busca reflejar la belleza, tal vez la tranquilidad un objetivo mas cercano para él. Es la suya una fotografía que descansa y se enriquece con los recursos propios de la fotografía, que de la fotografía procede y su es sencillamente la fotografía. Transformar el mundo habitado, el mundo contemplado, esos fragmentos escogidos por la mirada del artista, en fotografía, en papel, en un recuerdo, en un objeto: ese podría ser su sentido final. Y el mundo que Díaz-Maroto refleja es un mundo agradable, tranquilo, entrevisto en sus viajes y en esos retratos de gente sencilla, algunos cercanos a él y otros simplemente cazados en la calle: personajes que tal vez sorprendan al artista por vivir en otros mundos tal ven no tan amables.

En sentido formal, las fotografías de Díaz-Maroto han evolucionado muy lentamente hasta sus últimas obras, ya en el año 2000, cuando parece que se ha centrado más en el paisaje, aumentando los formatos y demostrando más abiertamente un dominio técnico que, si bien hace tiempo que tiene, no había sido algo esencial para su trabajo. Pertenece Díaz-Maroto a ese grupo informal de fotógrafos madrileños que han hecho del ejercicio de la fotografía una profesión paralela, a caballo entre el concepto de fotógrafo, anterior a la confirmación de la fotografía como arte autónomo, y las nuevas generaciones de artistas, que eligen la fotografía como medio de expresión.

Texto escrito por Rosa Olivares (*) para el libro

100 FOTOGRAFOS ESPAÑOLES /100 SPANISH PHOTOGRAPHERS

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