
La Habana nunca me defrauda. Exposición en Bellas Artes.
La Habana nunca me defrauda. Exposición en el Museo de Bellas Artes de La Habana.
La Habana nunca me defrauda. Este nuevo viaje con motivo de la inauguración de la exposición "La tierra más hermosa. Cuba" viene cargado de nuevas imágenes, nuevas experiencias y futuros proyectos. Además, por primera vez, he convivido con colegas a ocho mil kilometros de mi tierra, Cristina García Rodero, Juan Manuel Díaz Burgos, José Ramón Bas, Ángel Marcos, José María Mellado, Juan Carlos Moya, Gabriel Navarrete y Juanjo Puerma fueron durante días vecinos, colegas y compañeros de bares y paladares.
El representante del arte conceptual es Ángel Marcos, quien propone con sus obras una realidad con palabras que van quedando o van siendo puestas a lo largo del camino en los más insospechados rincones. Una «pieza de documentación no fría, sino basada en el NO lugar, que podría ser SÍ lugar… a golpe de palabra», asegura. El resto de los autores hablan por cada una de sus obras. Es un «lujazo» abrir con el testimonio gráfico de Enrique Meneses, que narra su convivencia de ocho meses en la Sierra Maestra con los barbudos; Catany, con sus retratos sobre la racialidad e idiosincrasia religiosa; García-Álix y sus obras inéditas sobre ancianos españoles, llegados en otro siglo a Cuba, que no quisieron cambiar su nacionalidad pero decidieron morir en nuestro archipiélago; Cristina, maestra de la luz ambiente y las escenas cotidianas; Isabel Muñoz y sus instantáneas sobre el universo de la danza completan el viaje por la sensibilidad de estos artistas sobre Cuba, esa Isla del Caribe a la que Colón bautizara como la tierra más hermosa. La fotografía, como escribiera nuestro Eusebio Leal en palabras recogidas en el catálogo de la exposición, capta el espíritu invisible de las cosas. «Gracias al lente de estos testigos privilegiados emerge el pueblo cubano en su fusión de la cultura y de la sangre, porque somos hijos de la migración, del soldado que arrinconó el fusil y el uniforme al enamorarse de la guajira, ya fuese una muchacha blanca, mestiza o negra. Es el proceso que poetizó con iluminada transparencia Nicolás Guillén en su Balada de los dos abuelos. Por esa herida aún sangramos; es la flor escondida en los rasgos más íntimos del carácter cubano: ser pobres, pero hidalgos; descalzos, pero caballeros», expresa el Historiador de La Ciudad de La Habana. Habrá entonces que seguir el guiño inicial que estas fotografías nos hacen, para luego poder quedarnos con bellezas como esa lumbre levantada por la campesina por encima de la cabeza de Fidel, mientras este escribe; o el baile de la pareja al pie del Chevy azul en plena calle y por puro gusto; o la prisa de la muchacha por cruzar una calle habanera bajo la lluvia, o esa mano poderosa que toma una cintura de mujer…
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