Nicolás Muller. La Luz domesticada

Dentro de la programación oficial de PHotoEspaña 2019, en el Bulevar Salvador Allende de Alcobendas, se encuentra la exposición Nicolás Muller. La luz domesticada.

Húngaro de nacimiento, Nicolás Muller se estableció en España en 1947, tras un largo camino marcado por la Segunda Guerra Mundial, que le llevó a recorrer Francia, Portugal y Marruecos. Miembro de una deslumbrante generación de fotógrafos húngaros integrada por Robert Capa, Cornell Capa, François Kollar o André Kertész, Muller enlaza con la mejor fotografía documental de entreguerras, y aunque su obra pertenece a esta corriente, en su caso tiene un caracter mucho más humanista, centrado en la fuerza de lo cotidiano y marcada por un profundo respeto hacia el ser humano en todas sus manifestaciones vitales.

En España, donde se vivía un panorama fotográfico plano marcado por la ausencia y el silencio de grandes maestros, la irrupción de la obra de Nicolás Muller supuso una ventana abierta a la modernidad. En 1944 expone por primera vez en Madrid en el Hotel Palace; La Revista de Occidente, de la mano de su fiel amigo Fernando Vela, le invita nuevamente a exponer en Madrid y decide instalarse definitivamente en España abriendo su primer estudio en el Paseo de la Castellana. Su inquietud viajera le hace conocedor, como pocos, del paisaje español, y fruto de estas experiencias son sus siete libros de fotografía sobre España: España Clara, con textos de Azorín; Cataluña, con un ensayo de Dionisio Ridruejo; País Vasco, con textos de Julio Caro Baroja; Andalucía, con Fernando Quiñones; Baleares, con escritos de Lorenzo de Villalonga; Cantabria, con Manuel Arce y Canarias, con F.C Sáinz de Robles.

En 1951 traslada su estudio a la madrileña calle de Serrano, y es en este lugar donde desarrolla, entre los años 50 y 60, toda su creatividad realizando su personal galería de retratos. Todos los intelectuales de la época pasaron por su estudio, y Muller, a partir de una figura estática, capturaba los rasgos más característicos del retratado, combinando para tal fin el mayor número de aspectos de la personalidad del modelo. En 1980 Nicolás Muller cuelga la cámara de forma definitiva y se retira a la pequeña localidad asturiana de Andrín, donde deseó y consiguió pasar los últimos años de su vida.

José María Díaz-Maroto
Conservador y Comisario de la Colección Pública de Fotografía Alcobendas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *